PAPEL DE LA TOXINA BOTULINICA EN EL SINDROME MIOFASCIAL

La toxina botulínica tipo A (BoNT-A) puede tener un papel en el síndrome de dolor miofascial, pero es importante situarla bien: no es un tratamiento de primera línea. Su mayor utilidad está en pacientes seleccionados con dolor persistente asociado a hipertonía, espasmo o puntos gatillo, especialmente cuando han fracasado fisioterapia, ejercicio terapéutico e infiltraciones convencionales.

¿Cómo puede disminuir el dolor?

La toxina botulínica bloquea la liberación presináptica de acetilcolina en la unión neuromuscular, produciendo una reducción temporal de la contracción muscular. Pero probablemente su efecto analgésico no depende únicamente de la relajación muscular.

También puede disminuir la liberación periférica de mediadores relacionados con la nocicepción, como sustancia P, glutamato y CGRP, reduciendo la sensibilización periférica y, secundariamente, la sensibilización central.

¿Dónde tiene más interés?

La evidencia es bastante heterogénea para el síndrome miofascial cervical y lumbar general. Algunos ensayos muestran beneficio y otros no encuentran diferencias claras frente a placebo o anestésicos locales. Por eso no se recomienda infiltrar toxina botulínica de manera rutinaria en cualquier punto gatillo.

Tiene más sentido cuando existe un componente muscular mantenido y claramente identificable, por ejemplo:

Síndrome piriforme.
Dolor miofascial cervical refractario en casos seleccionados.
Espasmo muscular persistente.
Algunos síndromes de dolor pélvico asociados a hipertonía del suelo pélvico.

Y precisamente en relación con la neuralgia del pudendo de la que hablábamos, este último punto es especialmente interesante.

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